![[wu5kky.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhCE2_5yWZWCyXR0YFPOL13NshWhe93tTsSJZZMen7sIPYGdc0eBzj7OvkcO0vu7X6pE6kD0KF_KprkigTwQFdeqkTdeOWVNOjZSvEKezYGlSqAIpNcybxsyoaRF_Ztsiab2HOQDsXWSfo/s1600/wu5kky.jpg)
Era mi cumpleaños. Esperaba algo especial pero jamás imaginé algo así; superó con creces todas mis expectativas.
Abrí con sigilo la puerta de nuestro dormitorio y allí estaban ellas, desnudas, mirándome fijamente. La una era rubia, con una cara de ángel que reflejaba su inocencia virginal; la otra era morena, con una mirada lasciva resultado de años de experimentado aprendizaje. La noche y el día, el verano y el invierno, dispuestas a todo en el día de mi cumpleaños.
Me acerqué a ellas y la una se abalanzó sobre mi cuello succionando cada milímetro de mi piel como queriendo apoderarse de mí. La otra, más despacio, bajó hasta la zona de mi entrepierna para desabrochar con sumo cuidado todos y cada uno de los botones de mi pantalón. En menos de cinco segundos me encontré desnudo y rodeado por cuatro brazos que no me dejaban actuar: debía limitarme a sentir, se me había susurrado al oído.
La rubia, dejando atrás toda vergüenza empezó a lamer mi verga erecta como si en ello fuese su vida, tratando de beber toda mi savia. La morena, a su vez, lamía con ansia el sexo de la otra haciéndola gemir de una forma sumamente sensual. Cuando fui consciente de lo que ocurría me abalancé sobre ellas tomándolas por la cintura y conduciéndolas hasta la cama. Ahora era mi turno.
Primero puse a una de espaldas con el fin de poder penetrarla desde atrás. Y mientras situé a la otra frente a la primera para que pudieran tocarse cuanto quisieran. La morena acariciaba con fruición los pechos de la rubia mientras ésta se derretía de placer dejándose llevar por la voz de la experiencia. Yo embestía una y otra vez sintiendo cómo ardían y vibraban nuestros sexos al unísono. La rubia se despegó de la morena para venir hacia mí con una mirada que expresaba la lujuria contenida en su juvenil cuerpo. Aparté a la morena para poner en su lugar a la rubia. Mientras la segunda se colocaba, pude observar cómo la primera la besaba, la acariciaba y la hacía, una vez más, gemir de puro placer. Era la fiesta del éxtasis de todos los sentidos. Los olores se entremezclaban y ya no sabía bien distinguir el perfume a coco de una de ellas del olor del sexo húmedo de la otra. Se besaban y yo embestía cada vez más fuerte mientras veía cómo se acercaba el momento del clímax, el momento en el que los tres estalláramos de placer. Diez, nueve, ocho, siete, cada vez estaba más cerca, seis, cinco… Y las dos se separaron de mí, me miraron y empezaron a acariciarse respectivamente sus sexos, introduciendo primero un dedo, después dos para empezar después a lamerse como gatas en celo, como tigresas sedientas. Y yo las miraba prácticamente exhausto, embelesado por esa escena tan tierna y a la vez obscena. Tres minutos más tarde ya estaban las dos de rodillas frente a mí, lamiendo las dos mi sexo mientras yo les acariciaba el cabello preparándome para el orgasmo más intenso de mi vida. Y ahora sí: tres, dos, uno, y nos embargó el placer más absoluto sentido vez alguna por el hombre. Gritamos los tres a la vez mientras mi leche recorría sus bocas aún sedientas e insaciables.
Sí, sin lugar a dudas, fue el mejor regalo de cumpleaños de mi vida.







